Por Francisco Martini @cescomartinim

Un garage en paupérrimas condiciones, frases cortas y repetitivas, coordenadas musicales simples pero explosivas y cuatro flacos melenudos enfundados en gastadas chaquetas de cuero. Corría 1976 y se vislumbraba una nueva corriente musical. Eran los orígenes del punk rock, sinónimo en ese entonces de beber cerveza, sexo, hamburguesas con queso, cómics, películas serie B y aquel extraño y nuevo estilo de rock que a nadie parecía gustarle. Y detrás de todo ello, los neoyorquinos The Ramones, la banda pionera, la creadora del sonido, pues digan lo que digan, todo lo que vino después fueron sucedáneos. Como ninguno eran virtuosos en el desarrollo de su propia habilidad: rápidos como nadie. A más de cuatro décadas de que encendieran la mecha para la explosión punk y tras las muertes casi seguidas de sus integrantes Joey, Dee Dee y Johnny, solo su baterista Marky Ramone y discos como éste son los encargados de mantener viva la leyenda. Como compilado puedo decir no es el mejor que se ha editado, hay varios muchísimos más completos, como el Weird Tales of the Ramones (2005) o el Hey! Ho! Let’s Go: The Anthology  (1999), sin embargo para las nuevas generaciones es una buena forma para conocer el sonido Ramones.

La placa cubre la temporada más álgida de la banda, es decir de 1976 hasta fines de los 80. Y contiene temas como Blitzkrieg Bop, I Wanna Be Sedated, Cretin hop y Baby, I Love You, más un pequeño apartado con temas de los 90. Puro y claro derroche punk.

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