Marco de Barros es maquillador y experto en belleza con una mirada refinada donde la técnica se encuentra con la sensibilidad estética. Su trabajo cruza tendencias, rostros y personalidad, entendiendo el maquillaje no como una máscara, sino como una herramienta de expresión. En esta columna, traduce lo que ocurre en pasarelas y editoriales en claves reales, elegantes y contemporáneas.

El maquillaje esta temporada viene con una doble intención. Dos universos que conviven, se contrastan y, bien ejecutados, pueden elevar cualquier look. Por un lado, una propuesta más lúdica, con guiños al pasado. Por otro, una estética limpia, luminosa y profundamente femenina.
La nostalgia del Y2K vuelve, pero en una versión más sofisticada. Aparecen tonos como el azul celeste, los acabados brillantes y los plateados, junto a looks más atrevidos y divertidos. Sin embargo, no todo lo que vemos en pasarela funciona en el día a día. La clave está en adaptar esas tendencias con criterio, especialmente en maquillaje de fiesta, donde sí hay espacio para jugar más.
El azul, por ejemplo, es uno de los colores más complejos en maquillaje. Está en una línea muy delgada entre lo elegante y lo excesivo. Todo depende de cómo se use. Nunca debería aplicarse como color único. Funciona mejor mezclado con tonos ceniza, bien esfumado, con máscara de pestañas ligera y sin delineador marcado. Bien trabajado, además, es uno de los tonos que mejor iluminan en fotografía, incluso en blanco y negro.
Pero junto a esta corriente más expresiva, hay otra que domina con fuerza.
La nueva feminidad se construye desde el brillo suave y el maquillaje minimalista. Aquí, menos es definitivamente más. Y aunque parezca simple, es probablemente lo más difícil de lograr.

La paleta que lidera esta temporada incluye tonos terracota, bronce, cafés, naranjas, duraznos y rosados. La monocromía se impone en ojos, labios y mejillas, generando armonía y sofisticación. Es una propuesta que, además, favorece especialmente a la piel latina.
La piel se lleva luminosa, el rubor se ve natural, los labios tienen un acabado glossy y las pestañas se mantienen suaves. No se trata de ocultar, sino de potenciar.
Lo natural y la personalidad son hoy el verdadero lujo. Y aunque en editorial un maquillaje “natural” puede ser incluso más complejo que uno cargado, en la práctica todo parte por entender el rostro. Estudiarlo bien es fundamental para aplicar correctamente cualquier producto.
Las cejas, por ejemplo, son clave. Un buen diseño puede transformar la mirada por completo, incluso reemplazando intervenciones más invasivas.
También es importante entender que no siempre el mejor producto es el más caro, sino el que mejor funciona para cada persona. Al elegir una base, el tono debe probarse en el pómulo, porque ese es el color real del rostro.
En labios, el secreto está en trabajar con más de un tono. Un contorno más oscuro, un color principal y un tono más claro hacia el centro generan volumen y un efecto mucho más sofisticado, casi editorial.
Esta temporada, el delineador deja de ser protagonista, al igual que los excesos de contour e iluminador. La tendencia es clara: belleza limpia, fresca, suave, pero con impacto.
Esa es la dirección.
Y esta columna nace justamente para eso. Para compartir, probar, equivocarnos también, y encontrar lo que realmente funciona para cada una.
Si tienes dudas o quieres que abordemos un tema en la próxima columna, puedes escribirme en Instagram @marcodebarrosok o enviarme tu pregunta a Marco@marcodebarros.com. Me encantará leerte y construir este espacio contigo.
