Chile, un país que duerme poco y mal

Este sábado 4 de abril de 2026, Chile continental deberá atrasar los relojes una hora para dar inicio al horario de invierno, pasando de las 00:00 a las 23:00 del día anterior. Aunque el ajuste parece menor, especialistas advierten que el cambio de hora pone sobre la mesa una deuda más profunda del país con el sueño: un problema que afecta la salud, el rendimiento y la calidad de vida de miles de chilenos.

Por Francisca Vives K.

El mal dormir en Chile no se explica solo por el reloj. Es una combinación de estrés crónico, uso intensivo de pantallas nocturnas, horarios irregulares y trastornos subdiagnosticados como la apnea obstructiva del sueño (OSA), que pasa años sin atención pese a sus impactos en la salud física, cognitiva y emocional. Estudios locales lo confirman: en Santiago, 26,3% de adultos presentan trastornos del sueño, mientras que la apnea leve alcanza cifras significativas en la población general.

Diagnóstico y consecuencias

Antonio Colmenares, de Philips Chile y Perú, subraya que falta tratar el sueño como prioridad de salud pública, al mismo nivel que alimentación o ejercicio. “El mal dormir responde a hábitos como jornadas largas y pantallas nocturnas, pero también a trastornos clínicos subdiagnosticados como la OSA”, explica, destacando síntomas como ronquidos intensos, pausas respiratorias o somnolencia excesiva que merecen consulta temprana

Trinidad Pascual Cornejo, directora técnica de Clínica Somno, apunta a tres “ladrones” principales: hiperactivación por estrés, hábitos que fragmentan el descanso y problemas normalizados como ronquidos y apnea. Las consecuencias son claras y acumulativas: ansiedad, irritabilidad, fallos de concentración, fatiga permanente, mayor riesgo de accidentes y peor control de enfermedades crónicas como hipertensión o diabetes.

La evidencia científica respalda esta radiografía. El insomnio crónico se vincula a menor calidad de vida, carga emocional elevada y menor productividad, con efectos que van desde la salud mental hasta la seguridad vial y laboral.

El cambio de hora en perspectiva

Pablo Guzmán, neurólogo y director médico de Clínica Somno, matiza que este ajuste invernal es menos agresivo que el de verano -“nos regala una hora de sueño”- pero aún sensible para niños y adultos mayores, que pueden mostrar irritabilidad, somnolencia o fatiga. “Lo ideal como país sería un horario estable todo el año, con más luminosidad matinal para activar el día”, propone, recomendando no complicarse con medidas múltiples que generen ansiedad extra.

Ese llamado a la estabilidad resuena con el debate público actual. Aunque el cambio parece rutinario, desordena ritmos biológicos en quienes ya luchan con el descanso. Para Guzmán, hábitos personalizados como ejercicio, menos pantallas o cenas livianas ayudan más que fórmulas universales.

Tecnología y tratamientos al frente

Frente a este panorama, Philips apuesta por innovación accesible. Colmenares resalta el rol de tecnologías conectadas que monitorean pacientes de forma continua, facilitando tratamientos personalizados. “Philips desarrolla soluciones que integran dispositivos y plataformas digitales para mejorar la adherencia y el seguimiento clínico”, detalla.

Destaca DreamMapper, una app que permite revisar uso de dispositivos, indicadores de calidad de sueño, recibir recomendaciones personalizadas y compartir datos con médicos para una atención más segura y conectada. Se complementa con mascarillas DreamWear, en versiones nasal, almohadilla nasal y buconasal, diseñadas para máxima comodidad y libertad de movimiento durante la noche. Estas herramientas no solo diagnostican, sino que transforman la terapia en algo sostenible y efectivo.

Acciones concretas desde hoy

Los expertos coinciden en priorizar cambios simples y realistas. Pascual propone fijar una hora de despertar estable, incluso fines de semana, y proteger la última hora previa al sueño, bajando estímulos, pantallas y trabajo para ordenar el reloj biológico. Colmenares refuerza la consulta oportuna ante síntomas persistentes, mientras Guzmán enfatiza adaptar hábitos sin presión: “Identifica qué te funciona y ejecútalo, sin estresarte”.

A nivel público, ambos piden elevar el sueño a política sanitaria seria: incorporarlo al GES con cobertura integral (diagnóstico y tratamiento), campañas de educación masiva y una cultura que deje de normalizar “vivir cansado”. Países avanzados combinan prevención, acceso y desconexión real; Chile aún ve el descanso como lujo individual.

Chile tiene una oportunidad con este cambio de hora: usarlo no solo para ajustar relojes, sino para repensar prioridades. Dormir bien no es negociable; es base biológica para salud mental, física y social. La pregunta queda: ¿cuánto tiempo más seguiremos robándonos el descanso?

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