Vibra Clásica cerró la edición 2026 del PortilloFest con un concierto memorable en la Gran Sala Sinfónica Nacional

La noche de ayer, a las 19.30 horas, el Festival de Portillo, organizado por Vibra Clásica, realizó su concierto de clausura en la Gran Sala Sinfónica Nacional, nuevo y destacado espacio para la música, en la comuna de Providencia, que se presentó ante el público como un escenario de primerísimo nivel acústico y arquitectónico, llamado a convertirse en un referente para la vida musical del país.

Desde casi una hora antes del inicio, el público comenzó a llegar de manera sostenida. Poco a poco, los cuatro frentes de la sala se fueron llenando, creando una atmósfera de expectación serena y atenta. Ya con la Orquesta del Festival de Portillo instalada en el escenario, su presencia resultaba tan imponente como el silencio expectante que se apoderó de la sala minutos antes del inicio.

Antes de dar paso a la música, la directora de orquesta y directora del PortilloFest, Alejandra Urrutia, dirigió unas palabras al público. Agradeció la presencia de los asistentes y el apoyo de los auspiciadores, pero puso el acento especialmente en los jóvenes músicos que integran la orquesta, provenientes de distintas partes del mundo, quienes hace apenas diez días se encontraban en la montaña, en Portillo, participando de una intensa experiencia de formación, ensayo y creación junto a destacados profesores internacionales.

Urrutia destacó el carácter colectivo del proyecto y el sentido profundo del PortilloFest como un espacio de encuentro y formación musical impulsado por Vibra Clásica. Un proyecto que nace en un entorno de concentración y aprendizaje y que hoy se proyecta hacia la ciudad para compartir su música con nuevos públicos. En ese contexto, subrayó el proceso que dio origen a la Orquesta Festival de Portillo y el compromiso que permitió llevar este trabajo al escenario de la Gran Sala Sinfónica Nacional, consolidando al festival como un hito relevante para la música clásica en Chile y la región.

Uno de los momentos más esperados de la noche fue la aparición del baterista australiano David Jones, recibido con un aplauso largo y generoso. Aunque el Concierto para batería y orquesta del compositor Joe Chindamo era un estreno absoluto en Chile, habiendo sido interpretado anteriormente solo en Australia, la respuesta del público dejó en evidencia el reconocimiento a la trayectoria y prestigio internacional del solista.

Considerada por su propio compositor como una de las propuestas más desafiantes dentro del repertorio sinfónico contemporáneo, la obra se sitúa en lo que Chindamo ha denominado el pináculo de las ideas musicales peligrosas, al proponer a la batería como solista frente a una orquesta completa. La estrategia compositiva consiste en construir primero una obra orquestal sólida y, de manera progresiva, desplazar el foco hacia el solista, generando un diálogo de enorme complejidad rítmica y expresiva.

En escena, David Jones confirmó por qué es considerado una fuerza creativa única. Utilizando un set de batería que incluye 21 instrumentos, desde tambores y tom-toms hasta platillos y un cuenco cantante de origen tibetano, desplegó una interpretación que fue tanto musical como corporal. Más que tocar la batería, Jones dialogó con ella, explorando timbres, gestos y silencios, con una presencia escénica magnética y una simpatía que conectó de inmediato con el público. La ovación fue unánime y culminó con aplausos de pie que lo hicieron regresar al escenario para ofrecer un breve bis.

La segunda parte del programa estuvo dedicada a la Sinfonía n° 2 del compositor danés Carl Nielsen, obra fundamental del repertorio sinfónico del siglo XX. Inspirada en la teoría clásica de los cuatro temperamentos, colérico, flemático, melancólico y sanguíneo, la sinfonía propone una serie de retratos psicológicos que se entrelazan en una estructura de gran energía, contraste y profundidad expresiva.

La Orquesta Festival de Portillo abordó esta obra exigente con precisión, musicalidad y un notable sentido de conjunto. Desde la energía inicial del Allegro collerico hasta el carácter expansivo del Allegro sanguineo final, la interpretación mantuvo una tensión narrativa sostenida, confirmando el alto nivel artístico alcanzado por la agrupación. Una vez finalizada la obra, el público volvió a ponerse de pie, reconociendo el trabajo colectivo de una orquesta joven que estuvo plenamente a la altura del desafío.

El cierre de la noche tuvo un momento especialmente emotivo cuando Alejandra Urrutia invitó al público a reconocer la diversidad de orígenes de los músicos. A medida que la directora nombraba distintos países (Colombia, Venezuela, Argentina, Brasil, Australia, Estados Unidos, Uruguay, México, Costa Rica, España y Chile), los intérpretes se ponían de pie, evidenciando el carácter internacional y profundamente integrador del Festival de Portillo, impulsado por Vibra Clásica como una plataforma de formación, creación y proyección musical.

Entre los asistentes se encontraba el embajador de Australia en Chile, Andrew Martin, quien se mostró visiblemente emocionado y orgulloso de la participación de su compatriota David Jones, uno de los grandes protagonistas de esta edición del festival.

La noche concluyó con un público que se retiró con una clara sensación de celebración y plenitud, confirmando el impacto artístico y humano de un proyecto desarrollado por Vibra Clásica que sigue creciendo y consolidándose en la escena musical nacional e internacional.

Como extensión de esta visita a Chile, David Jones se presentará mañana, jueves 29, en una única fecha en Santiago junto a destacados músicos chilenos, interpretando obras de Sonny Rollins, Wayne Shorter, Thelonious Monk y Bud Powell, entre otros. El concierto se realizará a las 21.00 horas, con entradas disponibles a través de este enlace.

Asimismo, el viernes 30, Jones ofrecerá una gran experiencia interactiva de percusión en Mallplaza Vespucio, en compañía de la directora Alejandra Urrutia, que culminará con un concierto gratuito junto al cantante chileno Nico Ruiz a las 20.30 horas.

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