Con una escenografía nevada, recuerdos de sus raíces canadienses y la aparición estelar de Hudson Williams, Dsquared2 celebra sus 30 años con una colección FW26 que mezcla sport, glam y rebeldía en clave futurista.
En Milán, la firma de los gemelos Caten llevó literalmente la montaña a la pasarela: nieve, mood alpino y una atmósfera de resort invernal convertida en desfile de alto impacto. La colección FW26 se plantea como una reflexión cyberpunk sobre el invierno, donde el imaginario de alta montaña funciona como escenario para experimentar con proporciones, texturas técnicas y brillo nocturno.
La propuesta se apoya en el ADN canadiense de la marca, ese cruce de cultura outdoor y exceso glam que Dsquared2 lleva años afinando como firma personal. Aquí, ese origen se traduce en parkas llevadas como piezas statement, capas superpuestas con vocación casi armadura y un styling que piensa el frío no como límite, sino como excusa para subir el volumen de la teatralidad.

Sport, glam y futuro
La colección opera en la tensión entre lo deportivo y lo nocturno: siluetas inspiradas en el esquí conviven con detalles de club, brillos metalizados y guiños a una estética futurista que podría habitar tanto en un lodge de lujo como en un after hours urbano. Esa mezcla de códigos construye un invierno narrado como ciencia ficción, donde la montaña deja de ser postal para convertirse en territorio de performance.
En ese relato, los recursos técnicos —cierres visibles, acolchados, materiales de alto rendimiento— se equilibran con gestos abiertamente glam que recuerdan que Dsquared2 es, ante todo, una marca que disfruta del exceso. El resultado es una propuesta que mira al futuro sin renunciar a su vocación de espectáculo, consolidando un lenguaje propio entre el street, el lujo y la cultura pop.
Hudson Williams, nueva obsesión fashion
Entre invitaciones convertidas en ski pass y una puesta en escena nevada, la pasarela se convirtió también en plataforma de presentación para una nueva cara que el sistema de la moda ya empieza a reclamar como propia. El actor Hudson Williams, conocido por su papel de Shane Hollander en Heated Rivalry, debutó en el show y fue rápidamente señalado como la nueva obsesión del fashion system, símbolo de una generación que transita con naturalidad entre pantalla y front row.
Su aparición en este contexto no es casual: se alinea con la estrategia de Dsquared2 de dialogar con audiencias jóvenes, atravesadas por la cultura de series, fandoms y redes sociales. En un desfile que celebra el pasado de la marca, la presencia de Williams funciona como gesto de futuro, conectando el universo de la ficción romántica contemporánea con el dramatismo cool de la pasarela.

Treinta años de irreverencia
Aunque llega después del desfile celebratorio por su 30° aniversario, esta FW26 se siente como un segundo capítulo de ese festejo: menos retrospectivo y más proyectado hacia lo que viene. Hay guiños al archivo, sí, pero remezclados desde una sensibilidad actualizada, que entiende el clima, la noche y la montaña como escenarios para seguir empujando el límite entre moda y espectáculo.
Teatral, potente y fiel a su espíritu irreverente, la colección reafirma que Dsquared2 no está interesada en moderarse a las puertas de la madurez. Treinta años después, su propuesta sigue siendo la misma declaración en alta voz: la moda puede ser técnica, sí, pero nunca debe dejar de ser intensamente divertida.
